Los presagios de Athos eran ciertos, habían escapado, pero el precio habia sido muy alto. Uno de ellos tuvo que sacrificar sus alas, su inmortalidad.

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- Vamos Eddah, no puedes quedarte aquí, morirás. – dijo Diaphano tendiéndole la mano.
- ¿Acaso importa eso? Nadie llorará mi muerte.
- No digas eso, sabes que yo si…

El camino había sido muy largo y aunque Ytham e Ignominio los habían acompañado, no daban mucha conversación. Por eso, Eddah y Diaphano se habían apoyado el uno en el otro, creando un lazo, un vínculo especial entre ellos.
- No voy a dejarte aquí. – Diaphano la cogió en sus brazos como tantas veces antes había hecho y se alejaron de alli.

Sarial esperaba tranquila en la orilla de uno de los mares del cielo, había quedado con Athos como cada amanecer.

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Tras unos minutos, al alba, llegó.
- Llegas tarde.
- Lo sé, es que ellos han…
- Si, yo también lo sé. ¿No se supone que no podían escapar? Me dijiste que era imposible. – le interrumpió Sarial.
- No, te dije que no se atreverian a salir de allí. – contestó Athos. – ¿No era eso lo que queríamos? Alguno habrá tenido que perder su inmortalidad y dentro de poco perderá también la vida. Te expliqué que si querían salir, alguno tendria que entregar sus alas y él no creo que haya sido.
- ¿Crees que lo habrán descubierto? Ignominio, siempre me pareció muy… vulgar. – dijo con desprecio.
- ¡¡Calla, estúpida!! ¡¡Te he dicho que no hables así de mi padre!!

Athos alzó el vuelo, y se marchó.

Eran muchos ya los días que llevaba Diaphano encerrado, no dejaba de pensar en alguna manera de salir de allí. Había inspeccionado las cavernas, pero no habia averiguado nada, ya que sólo la parte en la que ellos se encontraban permanecía iluminada por la luz de una pequeña ventana; todo lo demás era oscuridad.
- Pero tiene que haber alguna manera – comentaba a Ytham y a Ignominio.
- Mira que eres cabezota… no se puede salir de aquí. Además, imagina que lo consigues, ¿qué harías? Eres un puto ángel exiliado, te volverían a capturar y te volverian a meter en esta mierda de sitio.
- Podría esconderme, no pienso quedarme aquí de brazos cruzados.

Pasaron los días.  Diaphano estaba desesperado, inquieto, molesto por la actitud de Ignominio. Solía sentarse al lado de la venana, junto a Eddah.
- Alguna manera tiene que haber para salir de aquí… – pensó en voz alta.
- Claro que la hay.

Diaphano la miró sorprendido, en todo el tiempo que llevaban, Eddah, no habia abierto la boca; ni siquiera habia quitado la mirada de la ventana.
- ¿Cómo dices?
- Yo sé salir de aquí, esta cárcel fue creada por Athos. Es…era mi marido. Yo estaba a su lado cuando la mandó realizar. Sé perfecamente dónde está la salida.
- Entonces, ¿por qué no huyes?
- ¿Huir? ¿Para qué? Además, estoy aprisionada. Mis piernas no responden, hace mucho tiempo que yazco aquí sentada.
- Podría romper esa cadena.
- Pero no puedo caminar, ¿no lo entiendes? No puedo quedarme de pie y estas cuevas son demasiado bajas como para ir volando.
- Yo te llevaré…

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No era una cárcel, aunque había una encadenada; no era una cueva, era un laberinto; no había luz, apenas unas pequeñas ventanas con barrotes. Era un lugar gigantesco, pero sólo en él había tres ángeles; el cuarto inquilino estaba apunto de llegar…
- ¡Eh, soltadme! – dijo el cuarto prisionero a los guardias – ¡Soltadme!
- Has infringido nuestra ley, debes callar y no lo has hecho – dijo uno de los guardias alados.
Y allí quedó Diaphano, junto a dos rostros que lo miraban…

- Ja, otro bocazas.
- ¿Dónde estoy? ¿Qué hacéis aquí? ¿Quiénes sois?
- Ey, tranquilito, las preguntas de una en una. Somos ángeles exiliados, como tú.
- Pero…
- ¿Qué hacemos aquí? Mira muchacho, estamos en el exilio, nos han desterrado por contar la puta verdad. Y tú, igual que nosotros te vas a joder y te vas a quedar aquí de por vida. Así que, sé bienvenido. – dijo burlonamente.
- No le hagas caso. – dijo el ángel que aún no había hablado – Yo soy Ytham y él es Ignominio.
- ¿Y ella? - preguntó Diaphano señalando a la chica que habia encadenada junto a una ventana.
- ¿Acaso no la reconoces…? – dijo Ignominio – Vaya idiota.
- No sé, no le veo la cara.
- Pero mira su atuendo, es como el de… – empezó a decir Ytham.
- … Athos.
- Exacto. – dijo Ytham.
- ¿Y qué hace Eddah aquí? Pero si es la esposa de Athos.
- Creí que estabas aquí porque conocías el secreto.
- Si, claro. Yo sé que Athos y Sarial se ven a escondidas, pero qué tiene que ver Eddah.
- Ains, que ingenuo. Pues pasa, que Eddah también lo sabe. Exiliada y cornuda…

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[dibujos by xarleen]

No habia lava candente, ni fuego abrasador, ni cuernos rojos; sólo unas criaturas aladas conviviendo con una naturaleza muerta. Desiertos grises, acantilados afilados y bosques de árboles desnudos.

La arcángel más poderosa es Sarial, hija de la arcángel más vieja. Ellos tenían un lema “Haz lo que quieras”. A pesar de eso, los ángeles del inframundo vivían pacíficamente, al menos entre ellos. Claro que eso era antes de enterarse de lo que estaba ocurriendo. Pues Sarial estaba siempre ausente y en su regreso traía consigo un apestoso olor a humanidad. Pero en realidad no venía del mundo de los mortales, no. Aquel olor sólo es el que cielo deja impregnado en las alas…

 

[dibujo by xarleen]

No habia nubes blancas, ni luces celestiales, ni dioses todopoderosos; sólo unas criaturas aladas conviviendo con la naturaleza. Valles de fresca hierba, ríos de plata, mares eternos y praderas de mil flores.

El arcángel más poderoso era Athos, hijo del arcángel más viejo. Desde el reinado de Athos la única norma que existia era “si secretum tibi sit, tege illud” (si tienes un secreto, escóndelo). Era un lema extraño para tiempos extraños, en los cuales muchos ángeles desaparecian sin siquiera avisar a sus familias. Se decia que estos habian decidido cortar sus alas para poder vivir con los mortales. Pero era bien sabido por todos que Athos guardaba un secreto, un secreto sabido por todos; pero pocos eran los que lo decian en voz alta, pues los pocos atrevidos habian desaparecido…

[dibujo de Athos by xarleen]

Había sido castigado, otro día más tenía que quedarse después de las clases a limpiar las pizarras del aula de música, y todo por llegar tarde. Pero últimamente lo hacía casi a propósito, pues había descubierto que a esa hora el equipo femenino de basket entrenaba justo en la cancha que había enfrente y a Leonard le encantaba ver a Julie, la capitana, jugar. Se sentaba en uno de los pupitres vacíos y observaba por la ventana apoyado en el alféizar hasta que el sol desaparecia tras los altos edificios de la pequeña ciudad.

Al día siguiente, como cada día se asomó por la ventana y buscó ansioso a Julie, pero no la encontró; así que decidió volver a casa. Desilusionado, caminaba con la cabeza gacha y al cruzar una esquina no la vio y ambos cayeron al suelo.

- ¡Quieres tener más cuidado! – dijo este malhumorado y de malas maneras tras levantarse.

- Lo siento… – contestó la chica.

Entonces Leonard comprobó, avergonzado, que aquella chica era Julie, pero antes de que se pudiera dar cuenta, ella ya corria hacia la pista de baloncesto. << Mierda, seré idiota. La primera vez que habló con ella y…>> Una voz le sacó de sus pensamientos.

- Perdona…

- ¿Si?

- Se me cayó cuando…

Julie se agachó para coger algo del suelo. Cuando ésta ya se marchaba, Leonard la cogió suavemente del brazo.

- Oye… quería disculparme por lo de antes. No fue cortés por mi parte.

- No tiene importancia, yo iba corriendo, llegaba tarde y… y no te vi.

Y cuando parecía que se marchaba, volvió a hablar.

- ¿Eres tú el que se queda en el aula de música todas las tardes observando nuestro entrenamiento?

- Eh… si. Bueno, yo…

- Mañana es nuestro primer partido de la temporada, ¿te veré en las gradas?

- Si, si, claro, por supuesto, no faltaré, allí estaré – farfulló Leonard.

Al día siguiente, Leonard asistió al partido. Llegó cuando aún estaban calentando, pero Julie no habia llegado aún, hasta que vio un coche del cual Julie bajó. Besó apasionadamente al chico que conducía y se encaminó al campo.

<<No puede ser… esa zorra tiene novio>> Leonard se levantó y se marchó.

El partido ya iba a acabar cuando Leonard volvió a las gradas, se sentó y observó los últimos minutos del partido. Este terminó por fin y Leonard bajó directo a Julie.

- ¡Hemos ganado! – dijo alegre – no te he visto en todo el partido, ya pensé que no venías.

- Es que habia ido a por  una cosa… para ti.

- ¿Para mí? ¿El qué?

- ¡¡TU CASTIGO, ZORRA!!

Se oyó un disparo y Julie cayó al suelo con la mano en el estómago y un hilo de sangre que resbalaba por su boca.

- Muere puta – le dijo tras escupir sobre ella.

Alas Grises (the end)

Julio 5, 2008

- Espera, no es lo que parece… yo…
- Que típica eres. Vamos, ¡habla! – dijo Ayshel temblando de rabia.
- Verás es que…
- ¿Por qué me atacaste ayer? ¿Sabes que me van a cortar las alas?
- Si, es que, bueno…
- ¡¡Habla maldita zorra o te reviento los sesos!! No te delaté, sabía que eras tú la asesina y no te delaté. Sabes lo que sentía por ti y por eso no dije nada. Me estaba jugando el cuello y ahora… ahora creen que soy yo! Nunca pregunté por qué lo hacias, nunca dije nada, nunca… – una lágrima cayó por el rostro de Ayshel
- Lo siento, ¡lo siento! Él me obligó, yo no quería pero dijo que nos mataría a las dos y entonces… tu estabas indagando mucho y, bueno…
- ¿Él? ¿Quién?
- El jefe, por eso le he matado.
- ¿Qué? ¿Dices que el jefe te mandaba a matar a toda esa gente? Será cabrón, y por qué no dijiste nada, por qué le hiciste caso. Podias haberle denunciado o…
- Verás es que yo… bueno, verás, lo nuestro no iba bien. Tu me gustabas pero… en realidad, yo…
- ¡Vamos, suéltalo!
- ¡YO LE AMABA!

En ese momento, el arma de Ayshel se disparó y una bala alcanzó el pecho de Yunaris, la cual cayó desplomada sobre su jefe. Ayshel se acercó a Yunaris, pero ya era tarde.

En ese momento se abrió la puerta del despacho y entró la policia, encontrándose a Ayshel manchada de sangre y dos muertos a sus pies.

- ¡Detenedla! Esta vez no se escapará.
- No, esperen… ¡ESPEREN! Yo no he sido, verán… NOOO, SUÉLTENMEN!!

Al día siguiente…
<< … ha sido resuelto este escabroso caso. La asesina hoy ha sido ejecutada. Sus alas, que por cierto eran grises y no negras, han sido quemadas. Por fin, se hizo justicia… >>